Una vez más has remontado el vuelo.
Te dejo ir tranquilamente, pues sé que volverás...
Eres como esa chaqueta de lana, tan abrigadita ella, que siempre que abro el armario toco. Lo hago sobre todo cuando siento frío y el ansia de alejarlo me hace ponérmela.
Es excesivo el calor que me proporciona y una vez más, la guardo en su lugar decantándome por una más fina, que dé calor a mis miembros sin que me haga sentir fuego por dentro.
Así eres tú.
Vuelas y vuelas sintiendo el aire para luego volver al cobijo de mi armario corporal. Te quedas muy quieta. Algo así como estática, sin vida, pero nada más lejos de la realidad que te rodea.
Eres una prenda a rescatar, que siempre lo será, y así lo sabes.
Un ignoto mundo es el que se abre a ti cada vez que sales de paseo. Un mundo cargado de visiones, sentimientos y sensaciones sin fin.
Y tú las quieres probar todas.
Te me antojas una catadora empedernida y traviesa, llena de profesionalidad y desparpajo. Una catadora de excepción del mundo y sus placeres.
A su antojo…
Eres requerida por muchos y contratada por menos, pues tu tarifa no está al alcance de todos.
Yo, pobre infeliz, sólo poseo un menospreciable capital de ilusiones, una ingente cantidad de deseos, un enorme caudal de sentidos puestos a tu servicio.
No obstante al volar, siempre te acercas a mi ventana.
Me visitas sin pararte demasiado, casi pareces colgada del alféizar en lugar de posada en él.
Y sin embargo estás ahí.
Debes sentir la admiración que me rebosa por los poros de la piel, haciéndote sentir indispensable en mi vida. Debe ser que tu corazón es más cálido de lo que pretendes, aunque creo que ya te conoces suficiente y sabrás de tus razones para acercarte hasta mí.
Mis manos te rozan con ternura, como queriendo cerciorarme de la verdad de tu presencia. Y te dejas acariciar, en súbito abandono. Sorpresivo para ésta que te acoge.
Luego de un rato, retomas la actitud de vuelo que te trajo hasta mi presencia, y sales disparada cual flecha, hacia lugares donde sí te posarás. Lugares que abrirán los cristales por los que entrarás planeando jubilosa.
En ellos, serás unión infinita de almas evocadoras de ti. Serás la estela que hará que broten versos iluminados, estrofas cantarinas, retahílas rimantes.
Musa inspiradora de poesía, no te alejes nunca de éste habitáculo interno que se siente adherido a ti.Nada me importa no saber darte la forma que anhelas, si me dejas moldearte un tanto. Si me sigues permitiendo difuminarte en mis letras cargadas de saberes inventados, de sentires opuestos, de sensaciones a flor de piel…
Vuela siempre en libertad y vuelve.
Vuelve a ser la chaquetita de lana que me pongo y que me quito…
"EL PÁJARO DEL AGUA"
Pájaro del agua
¿qué cantas, qué encantas?
A la tarde nueva
das una nostalgia
de eternidad fresca,
de gloria mojada.
El sol se desnuda
sobre tu cantata.
¡Pájaro del agua!
Desde los rosales
de mi jardín llama
a esas nubes bellas,
cargadas de lágrima.
Quisiera en las rosas
ver gotas de plata.
¡Pájaro del agua!
Mi canto también
es canto de agua.
En mi primavera,
la nube gris baja
hasta los rosales
de mis esperanzas.
¡Pájaro del agua!
Amo el son errante
y azul que desgranas
en las hojas verdes,
en la fuente blanca.
¡No te vayas tú,
corazón con alas!
Pájaro del agua
¿qué encantas, qué cantas?
*Juan Ramón Jiménez*



















