Quiero mirar la vida como lo hace una flor...
Marinel.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Ya viene el frío...

Abrígame mi amor que tengo frío. No dejes que el otoño se me instale en las entrañas haciendo caer las hojas de mi espíritu.
Cobíjame en tus brazos de esperanza haciendo con tus manos caracolas en mis brazos ateridos. Ya sabes mi amor: el mar me calma.
Enróscame en tu pecho, constructor de almohadones  para mis sueños del dormir. En él yo me acurruco sabiéndome segura a la hora de partir a jugar con esos duendes de aire a los que adoro, quizá por sus desmandes.
Los sueños son así, tú ya lo sabes.
Abrázame sin recato en esta y todas las mías noches en pos de mil solsticios, yo no haraganeo en mis abrazos hacia ti o hacia tus besos.
¡Ah, el sabor dulce de tus labios en los míos jugando a los piratas que acaban en acuerdo!
O tus piernas enredadas en las mías haciéndose el cortejo...
¡Tus dedos de pronto son mis dedos!
Enlázame en tus manos cual cometa que surque el firmamento solariego, pero hazlo eternamente amor mío, que el frío viene ya con entrecejo queriéndose  instalar…
Yo no lo dejo.
Abrígame mi amor que tengo frío.

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domingo, 4 de septiembre de 2011

Algo habitual, algo distinto.


Viene siendo habitual en mí dar las gracias. Lo hago porque la gratitud es algo constructivo, un sentir bien hacia una misma y hacia el resto, en éste caso vosotros, que perdéis parte del tiempo particular en el que vivís, para acercaros hasta mi isla y dejar huella de vuestro paso.



Como decía Cervantes:
"De gente bien nacida es agradecer los beneficios que recibe."
Yo nací regular, pero aun así, me educaron en esa virtud y os agradezco.
Os dejo esto en forma de gracias. No sé si es una bonita manera de agradeceros la visita de aquellos que derramáis palabras para mí y de los que sólo pasan y leen, pero me lo pareció. Por tanto, sirva este detalle como regalo de gratitud.


Ahora viene lo distinto, diferente, inusual…

¿Recuerdas cariño?
Pasábamos las horas muertas, hui, ¡muertas!…jugando a su alrededor, leyendo en sus faldas, plantando florecillas. Nació tozudamente ahí en medio del jardín, justo en frente de tu cuarto. Papá lo taló en varias ocasiones, pero el árbol no cedió nunca a sus deseos. Renacía una y otra vez escalando el aire, casi diría con prisas por llegar hasta tu ventana.
No sé si te acuerdas de aquella vez que estuvimos cuidando a tío Tomás…a mí no se me va de la memoria el desasosiego tuyo, esa tensión por marcharte a casa, ese estado de tristeza en el que parecías transitar a diario. Era como si te faltara la vida lejos del hogar, de tu árbol…
Tío Tomás preguntaba una y otra vez. Al fin le dije que estabas medio ennoviada, sabiéndolo imposible-no me preguntes por qué-con tal de que no volviese a cuestionarse tu apatía.
Me emociono sin desearlo, al verte abrazar aquel tronco encorvado. Volvimos ya tarde, el anochecer se nos tragó en la carretera y solo hubo tiempo de asearse e irse a dormir. Al amanecer acudí rauda a la puerta del jardín; algo me decía que allí estarías tú.
El árbol había envejecido hasta el punto de aparecer un anciano enfermizo, a punto de pasar a mejor vida. No obstante, al día siguiente volvió a ser el árbol erguido, fuerte e impresionante de siempre. Tú, en medio de sus hojas recostada, me pareciste algo así como su alimento, su elixir de vida.
De ahí caíste aquel día.
No hubo gritos de miedo por la caída. Nada de espantos. Silencio absoluto tampoco, porque te escuchaba hablarle como cada día lo hacías bajito, dulcemente. ¡Cuántos quebraderos de cabeza produjiste a tu pobre padre haciendo esto!
Intuición, eso es lo que fue. Ambos salimos despedidos de la cocina donde preparábamos las conservas, sabiendo que algo extraño ocurría. Llegamos justo en el instante en el que una gran rama parecía descender a recoger tu cuerpo que bajaba rápido hacia el suelo.
Nos impactó tu sonrisa en sus brazos.
Pero…mucho más impresionó nuestras mentes el hecho de no verte al acercarnos unos segundos después.
Tu desaparición fue un hecho irresoluble.
No creas que para mí, cariño, yo sí sé dónde estás. Por algo tenemos el árbol floreado más bonito de toda la vecindad y lo mejor es que no hay estación que te marchite, mi vida.
Ninguna estación seca tus flores.



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viernes, 2 de septiembre de 2011

A ella yo nací.

Nació como un suspiro al despertar de la conciencia.
Allá en las montañas, el cielo musitaba plenilunios, los árboles dormitaban vendavales, el crepúsculo parió exquisitas efemérides. En los arroyos viajaron calamidades, de los estambres de las flores brotaron pólenes de brisa y en los parajes habitaron huéspedes de mágicas palabras:
Nació la poesía en mi regazo.
Se expandió entre los alientos, fue alimento de los peces, manjar de fruta fresca recién recolectada, miguitas de pan que hizo caminos en la mar o en las llanuras, también en el asfalto.
Se vistió de porcelana e hizo del cristal una morada donde mirar a su través o en su derecho era sentir el arco iris bajo el techo.
Tal fue su nacimiento.
Así, cual si fuese yo la parturienta, me dejó en trance el verla aparecer entre mis tripas sintiendo recorrer con cada gesto de ella expelido, que no habrá nunca mejores nacimientos que poemas recorriendo mis adentros; ya sea en redondillas, serventesios, cuartetos, pareados o sonetos.
O tantos otros que me dejo no siendo baladí.
Caminé hacia esa flor que los libros parieron para mí y en los versos de sus hojas me alojé desde aquel día en el que a la poesía...
Yo nací.


http://eimper-imagenesfantasia.blogspot.com/

Soneto IX 
*
Al golpe de la ola contra la piedra indócil
la claridad estalla y establece su rosa
y el círculo del mar se reduce a un racimo,
a una sola gota de sal azul que cae.
Oh radiante magnolia desatada en la espuma,
magnética viajera cuya muerte florece
y eternamente vuelve a ser y a no ser nada:
sal rota, deslumbrante movimiento marino.
Juntos tú y yo, amor mío, sellamos el silencio,
mientras destruye el mar sus constantes estatuas
y derrumba sus torres de arrebato y blancura,
porque en la trama de estos tejidos invisibles
del agua desbocada, de la incesante arena,
sostenemos la única y acosada ternura.
*
Pablo Neruda.

Unas palabras profundas...

Ahí afuera, mas allá de ideas de bien o mal,

hay un lugar.

Nos vemos ahí.

Cuando el alma yace sobre la yerba.

El mundo esta demasiado lleno para hablar de él.

Las ideas, el lenguaje, incluso la frase 'cada uno'

No tienen sentido.



"Yalal ad-Din Muhammad Rumi"
















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