Hoy soñé con lunas.
Muchas y ninguna.
Era tal la oscuridad en la noche aciaga
que aún sabiéndola no podía admirar
su tez plateada.
Recuerdo el aroma de azahar.
Cayeron mis párpados e inhalé profundo.
La magia se obró en aquella noche ya de primavera.
Subí la escalera de la fantasía, tomé las estrellas
que allí se escondían, en el cielo negro.
Las tomé cual si fueran flores para algún jarrón
y las esculpí con gran devoción de una en una
hasta modelar miriada de lunas.
Las dejé al oreo para luego unir su luz fulgurante.
En un veo y no veo, mientras inspiraba,
brotó ella del cielo para mi mirar.
Su sonrisa, sus ojos de gata, su felicidad,
rompieron la noche.
El sueño partió.
Bajo de mi almohada dormía una flor.



