Que sea este un grito más, me digo.
Uno fuerte aún en el silencio que sólo dan las palabras escritas.
Estentóreo al menos en la mente de quienes lean.
No es tiempo de justicia, se fue parapetando
con disimulo en un rincón ostrácico y por lo tanto: indemne
Se salvó de laborar para la masa e hizo
del reposo su bastión
intocable.
O la hicieron y no supo revelarse...
Se enraizó el hábito del silencio,
de ese abrir los ojos y sellar los labios,
de notar el peso en la nuca bajando el mentón
hacia latidos en rayo.
Y las raíces crecieron, fueron árbol
al otro lado de la balanza.
Su peso descomunal de aluvión
de seres no contrarrestaba la pesadez del tiempo
con su egoísmo innato, ahora inmenso al irse
los abrazos de fraternidad hacia el mismo lugar
donde la empatía observaba...
Allí, en las nubes tomó residencia ella, y desde allí, olvidada
y pertrechada contra la irracionalidad, observaba con tal tristeza
que de cuando en cuando llovía sobre mojado...