Se ciñó la noche la seda azabache del déshabillé,
voluptuoso gesto de anudar estrellas sobre su cintura.
Hace resbalar con grácil soltura, más bien picardía,
destellos de luz, cascada radiante.
Desliza su paso danzando caderas.
Tan harto atrayente es esa cadencia,
que es irremediable rendirse a sus pies.
Hipnótico embrujo donde los mortales,
morimos de sueños en cada emersión
de esta dama excelsa, musa de poetas, hermosa mujer.