Me acomodo en ti como cuando acurrucada
contabas historias para mis oídos
mientras tus manos recorrían mi espalda
o amasaban lento mi cabello lacio.
Es en tu recuerdo donde reconforto
todos los vestigios de malos presagios
notando de nuevo bajo mi mejilla
el sonido lento de tu corazón.
Rítmica y alegre, suave y tenaz
llegaba tu voz hasta mis pensares
hasta hacer de mí una primavera
en el lecho calmo de tu manantial.
Alegres burbujas de risa locuaz
en tus ojos verdes de intenso mirar
ahora siempre míos bajo mi mirada
que acomodo siempre en tu recordar.
Madre...ya no es sólo hoy...
es siempre que mía serás.
Felices días, madres.