
Se me viene el mar.
Su oleaje anula
todo pensamiento,
me incita a seguirlo,
clama en mis adentros
galante y espléndido
que ahí está mi hogar...
Me hace malecón
del piélago azul,
me aborda los sesos
intentando aguar
cualquier raciocinio
llevándolo lejos.
Observo el vaivén
taimado e ingenuo...
Podría adentrarme
en su inmensidad, sentir,
por un nimio instante
que puedo volar en ese
otro espacio y flotar
más tarde hasta convertirme
en una sirena de cantar
insigne o en un pececillo
viviendo en coral...
Pero sé el imposible
de mujer y mar.

