Oh claridad. Mi claridad. Eres dama caminando lívida y
expuesta a los colores que pugnan por teñir la albura de tu piel.
Refugio poroso donde un pájaro dormita en ti cual si fueras una nube licuada.
Tus lívidos caminos rodean en círculo al duende de risa sonajero.
Oh claridad. Mi claridad. Bajo la vaina de los huesos,
asiéndolos con firmeza, habitan ruborizadas raíces acaloradas
por un sol que huyó de otro cielo que no fueras tú.


