Quiero mirar la vida como lo hace una flor...
Marinel.

lunes, 8 de mayo de 2017

El cuervo

Picotea el cuervo una hora y otra.
Todo lo destroza en el laberinto
de los días, que acomodados en mi
espalda, aguijonea a su placer.



Mi corazón lo espanta con latidos persistentes
mientras los pies caminan en busca de 
una salida donde dar esquinazo
a su ansia devoradora.
Se intuye el paraíso a través
de lo tupido de los setos idénticos.
Lo uniforme del camino, desespera,
si no fuera por esos hilos de luz que 
atraviesan la espesura, se detienen
en el rostro, cosquillean el cabello
y dan calor a la piel.
Esa promesa de zafar el tiempo
-mi tiempo-
de su tenaz pico, es lo que hace
infatigables los pasos.
A lo lejos la abertura reluce como
oro bruñido por las manos de un
misterioso orfebre, y esa joya,
para mi tesón, es la más ansiada
por mi anhelo de ruptura ante
la monótona inercia.



*Estas letras, como siempre, intentando ser poema, no son sino una más de mis conversaciones
conmigo misma y la escasez de tiempo que me gobierna e impide visitaros más, de disfrutar
tanto con vuestras letras. Son, como siempre, letras derramadas desde mi adentro, en esta 
ocasión para pediros disculpas por no frecuentaros como debiera. Lo haré de a poquito; seguro.
Besos a tod@s e infinitas gracias a l@s que aún tenéis ganas de pasaros por  mi isla.


jueves, 4 de mayo de 2017

Algunos amaneceres

                                       

Adoraba los días precipitados
 hacia un abajo indefinido,
esos que se despiertan totalmente
 desmandados, te despeinan y colocan la sonrisa
en la cornisa de los labios a punto de descolgarse
 sin saber muy bien dónde  dejarse caer
o el porqué de ese querer abalanzarse.
Cuando los ojos se abren desperezados ya,
 dispuestos a verlo todo, muy abiertos,
como recién venidos del paritorio.
Amaba esos amaneceres entre torpes e intrépidos,
 buceantes las manos en el mar del armario
 sin ápice de interés por otra cosa que vestir
su desnudez, por aquello del asombro
 de los demás transeúntes de la vida...
Se lanza al fin la sonrisa entre


 cabriolas sonoras, tan sólo de pensar
en las caras de la gente si la vieran cual
 Eva en el edén antes de la manzana.
Esos despertares, aún a pesar
de lo que después pudiese acontecer,
eran mágicos, dúctiles, maravillosos compinches
a los que recordar en el transcurso de las horas.
Misteriosos albores, se decía para sí,
que a buen seguro serían consecuencia
 de una jaranera noche a la luz de las estrellas
en la que ella, ajena, era tan sólo
 el cubículo que las posibilitaba.




domingo, 30 de abril de 2017

Ruego inútil


A ti, sí, te ruego, te imploro, te suplico.
 ¿Qué más da la palabra a utilizar?
Yo sé tu cometido.
Naciste como puerta de dos mundos
y en un impasse me colaste en uno.
¿Qué momento harás crucial?
Sobre ti el peso de horadar...
Oteas cual vigía en busca del indicio.
Cerrarás la puerta que me abriste.
Meollo de mi amor...
¿Cómo decirte?
Elijas cuando elijas que he
 de transitar, serás inoportuno.
No digo más.




Unas palabras profundas...

Ahí afuera, mas allá de ideas de bien o mal,

hay un lugar.

Nos vemos ahí.

Cuando el alma yace sobre la yerba.

El mundo esta demasiado lleno para hablar de él.

Las ideas, el lenguaje, incluso la frase 'cada uno'

No tienen sentido.



"Yalal ad-Din Muhammad Rumi"
















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